RECOBREMOS LA ESENCIA DEL VIEJO
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La llegada de “El Viejo” era el momento más alegre de la fiesta.

Revista el Tlacuilo
OPINIÓN | Revista el Tlacuilo / 2024-12-08

(Redacción).- No es que diga uno que “todo tiempo pasado fue mejor”, tampoco que se tenga algo en contra de las expresiones burlonas hacía el travestismo, a final de cuentas es parte de nuestra cultura; sin embargo, hay espacio para todo; para este tipo de expresiones de hombres disfrazados sarcásticamente de mujeres está el Carnaval, la naturaleza desmedida de la fiesta lo autoriza; sin embargo consideramos que esas expresiones desvirtúan la esencia de la tradición de “El Viejo”; desafortunadamente de unos años para acá hay “señores vestidos de mujeres” (daría AMLO) que son incluidos en los recorridos.

Los veracruzanos que ya no se cuecen al “primer hervor”, recordaran que quien interpretaba a “El Viejo” era un gran bailador que, acompañado de músicos espontáneos con instrumentos formales y panderos hechos de corcholatas y maracas de latas con piedras adentro, se organizaban para ir de casa en casa el día último de año; llevando alegría bajo las coplas de “¡Una limosna para este pobre viejo, que ha dejado hijos para el año nuevo”; regularmente los que conformaban la comitiva de despedida del año eran del mismo barrio, conocidos de los dueños de las casas, quienes les invitaba un trago, comida, y se les daba “un aguinaldo” económico; cabe el apunte que al llegar a las últimas casas ya iban con algunas "cucharadas" de más, lo que incrementaba el bullicio de su performance.

El Viejo iba ataviado con ropa regional, sombrero y barbas de estropajo, reiteramos que era un gran bailador; la llegada de la comitiva representaba uno de los momentos más alegres de la fiesta de fin de año; el protagonista era el personaje disfrazado del año que se va, los demás eran una bulliciosa comparsa; esa es la tradición; lo demás son añadidos que lo desvirtúan. Ojalá se recupere la tradición tal cuál debe ser.