IMPRUDENCIA EN MOTO, RIESGO AL ALZA

2026-03-18

En México, la motocicleta se volvió sinónimo de rapidez, ahorro y trabajo. Para miles de personas representa una salida práctica frente al tráfico, los altos costos del transporte y la necesidad de llegar más rápido. El problema es que, junto con ese crecimiento, también se disparó una peligrosa costumbre: creer que manejar moto de forma temeraria es sinónimo de habilidad, valentía o “colmillo” vial, cuando en realidad muchas veces no es más que una manera torpe de coquetear con la tragedia.

La moto no perdona igual que un coche. En un automóvil, un golpe puede dejar fierros retorcidos; en una moto, muchas veces el que se dobla es el cuerpo. Y aun así, sobran quienes la conducen como si las avenidas fueran pista de carreras: zigzagueando entre autos, rebasando por cualquier hueco, pasándose altos, acelerando de más o circulando sin casco, como si la imprudencia fuera un derecho y no una amenaza para todos.

Las cifras recientes ya no dejan espacio para minimizar el problema. En 2024, México ya rebasaba los 7.3 millones de motocicletas registradas, confirmando que este vehículo ganó terreno de forma acelerada en la movilidad diaria. Y en 2025, análisis nacionales sobre lesiones viales siguieron colocando a los motociclistas entre los grupos más golpeados por los accidentes de tránsito, al grado de concentrar una proporción muy alta de personas lesionadas.

Eso debería bastar para encender alarmas. Pero no. En las calles todavía se aplaude al que “se rifa” entre coches, al que mete la moto por donde apenas cabe un espejo, al que cree que llegar cinco minutos antes vale más que volver entero a casa. Se confunde la destreza con la temeridad, cuando son cosas completamente distintas. El buen motociclista no es el más loco: es el que sabe cuidarse, anticiparse y respetar que una mala maniobra puede terminar en hospital, discapacidad o funeral.

Lo más grave es que la imprudencia ya se volvió paisaje. Dos o tres personas en una moto pequeña, menores de edad a bordo, conductores sin licencia, sin casco, sin placas, sin seguro y, a veces, sin la menor idea de lo que implica conducir un vehículo tan expuesto. No todo accidente es casualidad; muchos se incuban desde el momento en que alguien arranca creyendo que a él nunca le va a pasar.

La discusión no debe ir contra la motocicleta. La moto, en sí misma, no es el enemigo. El problema es la irresponsabilidad con la que demasiados la usan. Porque una cosa es moverse en moto por necesidad, trabajo o gusto; otra muy distinta es convertir cada trayecto en una demostración de imprudencia.

México no necesita más motociclistas valientes; necesita más motociclistas conscientes. Más casco y menos ego. Más respeto a la vida y menos ganas de sentirse invencible. Porque en la calle, la emoción dura segundos, pero una lesión puede durar años. Y a veces, ni siquiera da tiempo de arrepentirse.