¿SABÍAS QUE EL MUNICIPIO DE EMILIANO ZAPATA NO SE LLAMA ASÍ?
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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-04-26

Redacción. - Cuando el municipio de Emiliano Zapata nació en 1887 llevaba el nombre de Porfirio Díaz, México vivía de lleno el porfiriato. Ponerle ese nombre a una nueva demarcación era algo natural.

El territorio se creó con congregaciones de El Chico y Actopan, dentro del antiguo cantón de Xalapa, en un momento en que el régimen buscaba ordenar, modernizar y controlar políticamente las regiones bajo una lógica centralista y de lealtades al presidente.

Pero después de la Revolución Mexicana, ese nombre comenzó a pesar distinto. Porfirio Díaz dejó de ser solamente el “héroe liberal” del siglo XIX y pasó a representar, para buena parte del nuevo discurso nacional, la dictadura, la concentración de poder, los privilegios de las élites y el abandono del campo.

Con acertada visión del futuro del país, en 1932 los personajes de la época decidieron el cambio de nombre decidiendo irse a un extremo totalmente opuesto: a la figura del General Emiliano Zapata, lo que tuvo una carga simbólica enorme: borrar del mapa municipal el nombre del viejo régimen y sustituirlo por el del caudillo agrarista, defensor de la tierra, los pueblos y las comunidades campesinas.

La transformación fue también una toma de postura. El municipio dejó de llevar el nombre del poder porfirista y adoptó el nombre de quien, desde el sur revolucionario, encarnó una de las demandas más profundas del México rural: tierra, justicia y dignidad. En términos políticos, significó alinear la identidad local con el nuevo relato posrevolucionario, donde Zapata se convirtió en bandera moral del reparto agrario y de la reivindicación campesina.

Las repercusiones políticas fueron varias. Primero, el municipio ganó una identidad mucho más cercana a su composición social y territorial: comunidades, campo, caminos rurales, producción regional y vida ligada a la tierra. Segundo, el nombre Emiliano Zapata sirvió como recordatorio permanente de que la política local no podía desentenderse de las causas agrarias y populares.

Tercero, permitió que el municipio se integrara al imaginario nacional revolucionario, dejando atrás una denominación asociada al régimen que la Revolución había derrotado.

También hubo una repercusión de memoria histórica: el cambio convirtió al territorio en un espacio simbólico. Cada vez que se menciona Emiliano Zapata, no sólo se nombra a un municipio vecino de Xalapa, sino una idea política: la defensa del campo, el orgullo comunitario y la reivindicación de los pueblos frente al poder central.

Por eso, la historia de este cambio sigue teniendo vigencia, el municipio asó de honrar al presidente del orden y la autoridad vertical, a llevar el nombre del rebelde que exigió justicia para los de abajo. Y en política, los nombres también gobiernan: definen un pueblo, las qué causas quiere ser recordado y qué símbolos decide cargar hacia el futuro.