DÍA DE LAS MADRES: ENTRE FLORES, SERENATAS Y ELECTRODOMÉSTICOS DE REGALO
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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-05-10

Redacción.- El Día de las Madres no nació entre licuadoras, pasteles de tres leches ni festivales escolares con niños vestidos de pollito y otros bailando el Ratón Vaquero, aunque hoy parezca imposible imaginarlo sin todo ese folclore mexicano que cada 10 de mayo paraliza casas, restaurantes, florerías y hasta la paciencia de quienes olvidaron reservar mesa.

El origen moderno de esta celebración se remonta a Estados Unidos, a principios del siglo XX, cuando Anna Jarvis impulsó una fecha para honrar la memoria de su madre, Ann Reeves Jarvis, una mujer dedicada al trabajo comunitario y al apoyo de otras madres. La primera conmemoración formal se realizó en 1908 y, años más tarde, en 1914, el presidente Woodrow Wilson oficializó el segundo domingo de mayo como Día de las Madres.

En México, la celebración tomó su propio camino en 1922, cuando comenzó a promoverse el 10 de mayo como fecha fija. Y aquí, como suele pasar, la solemnidad pronto se mezcló con mariachi, mañanitas, abrazos apretados, flores compradas al doble de precio y la clásica carrera de último minuto por conseguir “aunque sea un detallito”.

Desde entonces, el 10 de mayo se convirtió en una de las fechas más entrañables del calendario nacional. Se celebra a las madres como raíz, refugio, regaño oportuno, consuelo de madrugada y fuerza que sostiene hogares enteros sin pedir demasiados aplausos, aunque bien merecidos los tiene.

Porque madre, en México, no es sólo quien da vida: es quien cura con VapoRub, amenaza con la chancla, guarda comida “por si llegas con hambre”, y es capaz de sacrificar su bienestar por el de sus hijos y todavía pregunta si necesitan algo.

Así, entre ramos de rosas, llamadas tempraneras, misas, vistas al penteón a visitar a quienes ya no están, pero siguen vivas; comidas familiares y serenatas desafinadas pero sentidas, el Día de las Madres sigue siendo una fecha de amor profundo y memoria colectiva. Una jornada para reconocer a quienes, con ternura y carácter, han hecho de la maternidad una forma diaria de resistencia, entrega y milagro doméstico.

Desde hace años esta fiesta dejó de ser todo felicidad, las madres buscadoras comparten cada 10 de mayo la dolorosa usencia de sus hijos e hijas; este año en Xalapa, acampan frente al monumento de “la madre” sin saber si sus hijos aún viven; este día no es celebración para ellas, es dolor puro.