JORGE MEADE Y HÉCTOR YUNES SE DAN HASTA CON LA CUBETA
INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo: / Revista el Tlacuilo
Revista el Tlacuilo
INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-05-05
Redacción.- La renuncia de Héctor Yunes Landa al PRI no sólo abrió la puerta de salida del tricolor, también destapó un pleito de esos que ya no se arreglan ni con café, ni con comida de unidad, ni con foto incómoda levantando la mano.
Luego de que el político veracruzano anunciara su salida del partido tras más de 40 años de militancia, Jorge Meade Ocaranza, secretario nacional de Organización del CEN del PRI, fue el encargado de responderle a nombre del tricolor. Y no lo hizo precisamente con flores.
Meade acusó que la renuncia de Yunes no responde a principios ni a dignidad, sino a ambición y cálculo político. Según el priista, Héctor dejó el partido porque no le dieron ni le garantizaron lo que quería, y porque buscaría acomodarse en una nueva diputación plurinominal antes de que los tiempos legales se lo impidan. La respuesta de Meade fue difundida luego de la salida de Yunes, quien acusó a la dirigencia nacional de Alejandro Moreno de tener secuestrado al PRI.
El dirigente priista también recordó que, cuando la dirigencia de Alejandro Moreno impulsó a Yunes para ser nuevamente diputado plurinominal, este no cuestionó al presidente del partido. Hoy, dijo, patea la mesa e intenta lavarse la cara golpeando al PRI y a su dirigencia.
Pero Héctor Yunes no se quedó callado. Ni tardo ni perezoso, respondió con una carta cargada de jiribilla política, donde acusó a Meade de hablar por servilismo y de decir en privado cosas muy distintas sobre Alejandro Moreno, “Alito”. En pocas palabras: le recordó que en política todos se conocen, todos se han escuchado y todos traen archivo.
Yunes también le soltó que ha sido cadenero para impedir el acceso de priistas valiosos a candidaturas, y remató con una frase de sótano político: le dijo que desde la oscuridad donde lo tienen refundido es imposible observar puerta alguna.
Así, lo que empezó como una renuncia terminó convertido en pleito de compadres, con Meade defendiendo la casa tricolor y Héctor pateando la puerta antes de irse. Uno acusa ambición; el otro acusa servilismo. Uno habla de lealtad; el otro de secuestro partidista. Y en medio queda el PRI, ese viejo edificio donde ya no se sabe si están cerrando ventanas, cambiando chapas o viendo quién alcanza todavía un hueso antes de que se caiga el techo.