NO PERDAMOS DE VISTA A BALLESTEROS Y CASTAÑEDA
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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-03-10
Redacción.-No hay que perder de vista a Diego Castañeda Aburto y a Antonio Ballesteros Grayeb porque, aunque no todos los reflectores estén encima de ellos, ambos ocupan espacios donde se cocina parte del poder real en Veracruz. Y en política, muchas veces no manda el que más grita, sino el que mejor se acomoda en la estructura y sabe cuándo aparecer.
En el caso de Diego Castañeda, el punto central es que no está sentado en una comisión menor ni decorativa. Preside la Comisión de Procuración de Justicia, que es una de esas trincheras donde se tocan asuntos delicados: fiscalía, reglas institucionales y reformas que pueden alterar equilibrios políticos de fondo. No es poca cosa. Quien tiene mano ahí no sólo legisla; también gana interlocución y empieza a construir peso específico.
Además, Diego ya dio señales de que no quiere pasar de noche. Presentó una iniciativa para modificar reglas relacionadas con la designación del Fiscal General, y otra propuesta suya derivó en una reforma constitucional aprobada en enero de 2026. Eso revela algo importante: no se trata sólo de un diputado que ocupa silla, sino de uno que busca meter mano en temas de poder institucional. Y en Veracruz, meter mano en justicia nunca es un dato menor.
Antonio Ballesteros Grayeb, por su parte, merece atención por una razón distinta, pero igual de relevante: su fuerza puede crecer desde el territorio. Es diputado de mayoría relativa por Xalapa I, es decir, llegó por voto directo, y eso lo coloca en una lógica distinta a la de quienes entran sólo por lista. Tiene un pie en el Congreso, sí, pero el otro lo mantiene en la calle, en la gestión y en el pulso de una zona políticamente sensible como la capital.
No es casual que su perfil combine tarea legislativa con agenda práctica. Ha sido ubicado al frente de la Comisión de Protección Civil y también ha aparecido impulsando gestiones concretas, como la ampliación de la red eléctrica en Valle Dorado, en Chiltoyac. Ese tipo de movimientos, que parecen modestos frente al gran debate ideológico, suelen ser los que más reditúan políticamente porque aterrizan en necesidades reales y generan presencia continua.
Visto con frialdad, Diego parece perfilarse más como un operador del tablero institucional, alguien que puede crecer desde el armado legislativo, las reformas y los temas jurídicos. Antonio, en cambio, pinta más como un cuadro con posibilidad de crecer desde la gestión, el contacto territorial y la cercanía con problemas concretos. Uno puede fortalecerse desde el Congreso hacia arriba; el otro, desde la calle hacia el Congreso; pero ambos están en la jugada futura.