LOS PASEADORES DE PERROS: EL NUEVO EMPLEO INFORMAL

2026-05-10
Más allá de la frase tajante de “si no puedes atender a tus mascotas, no las tengas”, vale la pena detenerse en un fenómeno cada vez más visible en las ciudades: quienes tienen perros, pero no pueden o no quieren pasearlos, han dado pie a un nuevo subempleo urbano: los paseadores de perros.

Se trata de una actividad generosa para quien la ejerce, porque no exige demasiada preparación: basta con caminar, o por lo menos mantenerse erguido. Aunque, siendo honestos, no faltan quienes en lugar de pasear a los animales los llevan a la sombrita, mientras contestan el celular y dejan que la manada resuelva sola sus asuntos. No pagan impuestos, no requieren licencia sanitaria, no hay reglas claras y, por supuesto, cobran en efectivo.

Pero como suele ocurrir, lo que para algunos es negocio, para otros empieza a convertirse en problema. Muchos parques, antes pensados para la convivencia humana, poco a poco se han transformado en baños públicos para perros: espacios con malos olores, heces mal recogidas —o de plano ignoradas— y el riesgo permanente de que algún animal se salga de control y el paseador no pueda contenerlo.

El asunto no es menor: en algunas zonas residenciales ya se observan grupos de hasta 10 o 15 perros bajo el “cuidado” de una sola persona, invadiendo banquetas, áreas verdes y espacios públicos que alguna vez fueron diseñados para caminar, sentarse, leer o simplemente respirar sin tener que esquivar correas, ladridos y regalitos en el pasto.

Así, entre la moda de tener mascota, la falta de tiempo de sus dueños y la ausencia de regulación, los paseadores de perros se han convertido en una postal más de la informalidad urbana: simpática para unos, rentable para otros y cada vez más incómoda para quienes todavía creen que los parques fueron construidos para los humanos.