
Revista el Tlacuilo
OPINIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-10-23
Redacción. – La diputada Victoria Gutiérrez Pérez tiene una larga trayectoria dentro de la izquierda mexicana y veracruzana. Es una mujer que, a lo largo de los años, ha mantenido firmes sus convicciones políticas, incluso en tiempos en los que defenderlas implicaba enfrentarse al poder. Quizá pocos lo saben, pero ella fue una de las principales figuras que encabezaron la histórica marcha en defensa de Petróleos Mexicanos (Pemex), cuando las políticas neoliberales abrían paso a los intentos de privatización de la paraestatal.
Aquella movilización, conocida como la *Marcha por la Soberanía de Pemex*, partió de Minatitlán rumbo a la Ciudad de México. Los manifestantes encontraron refugio en la Universidad Autónoma Chapingo, en Texcoco, Estado de México, ante el temor de que, si intentaban llegar al Zócalo capitalino, muchos terminaran detenidos.
Las crónicas periodísticas de marzo de 1996 dejaron testimonio de aquella movilización y de la participación de una joven Victoria Gutiérrez, quien encabezó en parte aquella travesía. Desde entonces, su nombre ha estado vinculado a distintas causas sociales, algunas de menor alcance y otras, como aquella, inscritas en momentos significativos de la lucha por la soberanía energética del país.
Conociendo estos antecedentes, resultó particularmente emotivo verla este día en el Palacio Legislativo de Veracruz, encabezando la Jornada de la Cultura Cubana en Veracruz, organizada por la propia legisladora con motivo del Día de la Cultura de la emblemática isla.
El encuentro tuvo relevancia cultural, pero también una lectura política que difícilmente pasó inadvertida. Gutiérrez Pérez consiguió reunir a personalidades representativas de la isla, entre ellas el embajador de Cuba en México, Eugenio Martínez Enríquez, y el reconocido escritor Miguel Barnet Lanza, quien recibió un homenaje durante la jornada.
Y es que la diputada ha sido blanco recientemente de ataques y descalificaciones, algunos con expresiones de clasismo y misoginia, provenientes de los sectores dedicados a la rapiña política y de sus imitadores. Por ello, paralelamente al programa cultural, llamó la atención el respaldo y el respeto que le manifestaron sus compañeros legisladores, así como la presencia de la titular de la Secretaría de Cultura de Veracruz.
Victoria Gutiérrez volvió a mostrar la madera de la que está hecha. Pertenece a ese tronco que no se rompe ni se tuerce ante cualquier vendaval. A lo largo de su trayectoria le han ladrado fieras más bravas que las que le gruñen en este momento y, sin embargo, ha resistido.
Porque enfrentar en los años noventa al gobierno de Ernesto Zedillo, en medio de fuertes intereses nacionales e internacionales alrededor de Pemex, no era precisamente cosa de decir “enchílame otra”.
Aquellas luchas exigían convicción, resistencia y disposición para asumir consecuencias. No había reflectores complacientes ni garantías de alcanzar posiciones políticas. Había que salir a las calles, caminar kilómetros y sostener las banderas cuando todavía eran pocos quienes se atrevían a levantarlas.
Por eso, su presencia en el Congreso este día tuvo un significado que fue más allá de una celebración cultural. También permitió recordar una trayectoria política construida mucho antes de que la izquierda alcanzara el poder en México.
Victoria Gutiérrez no llegó a la transformación cuando el barco ya navegaba con rumbo firme. “Ella venía remando desde que aquello era apenas una balsa a la que muchos le auguraban el naufragio.”
Y esa historia, más allá de simpatías o diferencias políticas, merece ser recordada.