¡MÉXICO FUE LA MEJOR SEDE DEL MUNDIAL!
INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo: / Revista el Tlacuilo

Revista el Tlacuilo
INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-07-20

Redacción.- La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que México fue la mejor sede del Mundial 2026. La frase podría parecer, a primera vista, el elogio obligado de cualquier gobernante hacia su país. Sin embargo, esta vez no se trata únicamente de patriotismo, discurso político o entusiasmo mundialista: fueron los propios visitantes extranjeros quienes terminaron respaldando esa afirmación.

Durante varias semanas, aficionados de distintas nacionalidades recorrieron la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, convivieron con los mexicanos, probaron la comida, ocuparon las plazas y descubrieron que el Mundial podía vivirse mucho más allá de los estadios.

Aficionados de Brasil, Noruega y España declararon que su experiencia en México había sido tan agradable que prácticamente no extrañaban nada de sus países. Algunos se dijeron sorprendidos por la hospitalidad, la gastronomía, la alegría de las calles y la facilidad con la que fueron incorporados a la fiesta mexicana. México no solamente les ofreció partidos de futbol: les abrió la casa.

Otros visitantes terminaron apoyando abiertamente a la Selección Nacional, no necesariamente por su desempeño en la cancha, sino como una forma de agradecer el trato recibido. Aficionados extranjeros explicaron que el papel de los mexicanos como anfitriones los llevó a adoptar al equipo nacional como su segunda selección durante el torneo.

La hospitalidad no se decreta ni puede fabricarse desde una oficina de gobierno. Se nota en la calle, en el transporte, en los restaurantes y en la manera en que una población recibe a quien viene de fuera. Y durante este Mundial abundaron las imágenes de extranjeros bailando con mariachis, comiendo tacos, cantando con desconocidos y asegurando que en México se sentían como en casa.

Hubo visitantes que pensaban permanecer unos cuantos días y terminaron alargando el viaje. Otros bromeaban con la posibilidad de quedarse a vivir aquí. Quizá no todos hablaban literalmente de tramitar una residencia, pero el sentimiento era evidente: habían llegado por el futbol y terminaron enamorados del país.

La hicieron los propios aficionados desde sus teléfonos, mostrando mercados, calles, restaurantes, monumentos y celebraciones. La presidenta ya había señalado que las experiencias compartidas por los turistas en sus países de origen serían una promoción inmejorable para México, incluso más poderosa que cualquier anuncio contratado por el Gobierno.

Estados Unidos tuvo la mayor cantidad de partidos, los grandes patrocinadores y la final. Canadá aportó organización y buenas instalaciones. Pero México puso algo que no aparece en los contratos de la FIFA: identidad.

Aquí el Mundial no estuvo encerrado dentro de los estadios. Se vivió en las plazas, las cantinas, los mercados, las calles y las casas. Los aficionados extranjeros no fueron tratados como clientes, sino como invitados.

Por eso, cuando Sheinbaum sostiene que México fue la mejor sede, la declaración puede discutirse desde las estadísticas, el número de encuentros o la infraestructura. Pero desde la experiencia humana resulta mucho más difícil contradecirla.

La prueba no está únicamente en los informes oficiales.

Está en los coreanos que fueron adoptados, los brasileños que dijeron sentirse como en casa; en los europeos que confesaron no extrañar su país; en los ingleses que terminaron cantando junto a los mexicanos; en quienes llegaron apoyando a otra selección y se marcharon también con una camiseta verde.

México no organizó la final ni levantó la Copa.

Pero consiguió algo que ningún marcador puede medir: que miles de extranjeros no quisieran irse.

Y quizá, después de todo, de eso se trata ser la mejor sede.