LOS PEORES “OSOS” DE LOS AFICIONADOS MEXICANOS EN LOS MUNDIALES
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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-06-10

Redacción.- Los aficionados mexicanos tienen dos caras en las Copas del Mundo: pueden llenar una plaza entonando “Cielito Lindo”, ponerle color a las calles, ganarse la simpatía de medio planeta con sombreros, máscaras y mariachi… o también protagonizar historias dignas del archivo mundial de “tierra trágame”.

Porque hay paisanos que han cruzado océanos no solamente para apoyar al Tri, sino para terminar explicándole a una policía extranjera cómo una “puntada mexicana” terminó convertida en incidente internacional.

FRANCIA 98: ¡APAGUEMOS LA LLAMA ETERNA!… Y SALUD

Uno de los episodios más recordados ocurrió durante Francia 98, cuando el aficionado mexicano Rodrigo Rafael Ortega salió de fiesta, se le pasaron las copas y terminó orinando sobre la Llama Eterna del Arco del Triunfo de París.

No era cualquier fogata: se trata del monumento que honra la memoria de los soldados caídos durante la Primera Guerra Mundial y cuya flama había permanecido encendida durante décadas como símbolo de respeto nacional.

El mexicano fue detenido, multado y tuvo que ofrecer disculpas públicas por un incidente que llegó incluso al terreno diplomático.

Desde entonces, muchos visitantes mexicanos llegan al histórico monumento y no falta quien diga con pena ajena: “Mira, ahí fue donde el paisano apagó la llama”.

JAPÓN 2002: ¿Y PARA QUÉ SERÁ ESTA PALANQUITA ROJA DEL TREN BALA?

En el Mundial Corea-Japón 2002, otro mexicano decidió comprobar que la curiosidad y unas copas encima no siempre son buena combinación.

A bordo de un tren bala japonés (Shinkansen), uno de los sistemas de transporte más eficientes y puntuales del planeta, activó el freno de emergencia como si estuviera haciendo una travesura escolar.

El resultado no fue ninguna gracia: el tren se detuvo, se generó una movilización de seguridad y las autoridades japonesas tuvieron que intervenir.

En un país donde los retrasos de segundos provocan disculpas públicas de las empresas ferroviarias, detener un tren bala por una broma fue tomado como una enorme falta de respeto.

El aficionado terminó detenido, enfrentó a las autoridades locales y tuvo que pagar una multa económica. Una travesura que salió más cara que el boleto del partido.

ALEMANIA 2006: ¡EL COYOTITO DE TRECE HORAS!

Esta historia parece más una película de comedia que una anécdota mundialista.

Durante Alemania 2006, el mexicano Evaristo Madero decidió descansar después de una larga jornada de fiesta mundialista y terminó quedándose dormido dentro de un antiguo búnker alemán que había sido acondicionado en Hannover para recibir aficionados tras el partido entre México y Angola.

El problema fue que nadie notó que seguía adentro.

Cerraron el lugar y el mexicano siguió en un sueño profundo. Cuando despertó, la fiesta había terminado: estaba completamente solo y encerrado en un búnker alemán.

Después de varias horas atrapado, finalmente fue localizado y liberado por las autoridades. Viajó miles de kilómetros para ver al Tri y terminó protagonizando su propia versión de “Mi pobre angelito”, pero bajo tierra.

SUDÁFRICA 2010: NELSON MANDELA, HERMANO… YA ERES MEXICANO

En Sudáfrica 2010 llegó otro episodio difícil de explicar.

Un aficionado mexicano decidió que era buena idea intentar colocarle un sombrero de charro a una estatua de Nelson Mandela, una de las figuras históricas más respetadas de aquel país y símbolo mundial de la lucha contra el apartheid.

Quizá desde la lógica mexicana era una muestra de cariño y relajo, pero para muchos sudafricanos fue visto como una falta de respeto hacia un personaje casi sagrado de su historia moderna.

Las autoridades intervinieron y el aficionado terminó sancionado por una ocurrencia que cruzó la delgada línea entre la fiesta y la imprudencia.

FINISH

Estas son solamente algunas de las historias que los mexicanos han dejado regadas por los Mundiales. Porque si algo queda claro es que la afición mexicana rara vez pasa desapercibida: unas veces conquista corazones cantando y otras termina en los expedientes policiacos explicando que “nomás era broma”.