ÉBOLA, CONGO Y EL VIEJO MIEDO DE LAS TRIBUNAS
INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo: / Revista el Tlacuilo

Revista el Tlacuilo
INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-05-22

Redacción.- Hay quienes están preocupados porque la República Democrática del Congo jugará el Mundial en tierras mexicanas, particularmente en Guadalajara, justo en medio de las alertas sanitarias por un brote de ébola en aquel país africano. La inquietud no nace del todo de la nada:
el equipo congoleño modificó parte de su preparación mundialista por las restricciones sanitarias y por el brote reportado en su territorio; además, su calendario mundialista contempla un partido ante Colombia el 23 de junio en el Estadio Guadalajara.

Pero una cosa es la prevención sanitaria y otra muy distinta el pánico mal informado. El ébola no se transmite como una gripa, ni por mirar feo a un delantero, ni por compartir una grada con alguien que viene de otro continente. Es una enfermedad grave, sí, pero su contagio ocurre principalmente por contacto directo con fluidos corporales de personas infectadas. Por eso las medidas deben ser médicas, serias, puntuales y profesionales.

La llegada del Congo al Mundial debería leerse también como una historia deportiva: una selección que vuelve a la gran vitrina después de décadas, un país que carga problemas enormes, pero también una afición que tiene derecho a celebrar a sus futbolistas sin que cada jugador y aficionado africano sean tratados como amenaza sanitaria ambulante. En estos casos, el verdadero virus suele ser otro: la ignorancia con silbato, cerveza y boleto pagado.

México, que presume hospitalidad mundialista, tendrá que demostrar que sabe recibir equipos, aficiones y culturas distintas sin caer en el chiste fácil ni en el miedo barato. Las autoridades sanitarias tendrán que hacer su trabajo; la FIFA, los comités organizadores y los gobiernos deberán aplicar protocolos si son necesarios. Pero la gente también tendrá que hacer el suyo: informarse antes de señalar.

Porque la pelota ya ha visto esto antes. En los años noventa, durante aquellos brotes de ébola que estremecieron al mundo, la afición contraria en México les cargaba la mano a los futbolistas africanos François Omam-Biyik y Kalusha Bwalya, figuras del América en aquella época, como si el origen continental bastara para convertirlos en sospechosos. Kalusha, por cierto, era de Zambia; Biyik, de Camerún. Pero para la ignorancia de tribuna todo África cabía en el mismo grito. Y ahí está la anécdota: a veces el futbol no sólo exhibe piernas, goles y camisetas; también desnuda prejuicios que siguen jugando de titulares.