RICARDO AHUED, MECHA Y COLMILLO MUY LARGOS
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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-02-06

Redacción.– No ocurre con frecuencia. Por eso, cuando se anunció la conferencia, el llamado corrió rápido entre las redacciones. Este martes, Ricardo Ahued Bardahuil apareció ante la prensa y el Salón Juárez, en el segundo piso de Palacio de Gobierno. Llegaron muchos. Llegaron casi todos. Algunos, incluso, con la espada desenvainada.

El acceso fue el de siempre: de diez en diez, el ritual burocrático que antecede a cualquier encuentro con el poder. Ya adentro, el ambiente expectante. No era una conferencia más.

Ahued no se plantó de inmediato frente al micrófono. Antes, midió el salón, conversó brevemente con las y los reporteros, soltó una que otra sonrisa medida. Nada improvisado, pero tampoco rígido. Luego sí: el discurso. El motivo central de la convocatoria fue claro y sensible: los 183 trabajadores meritorios del Registro Público que, desde hace años, laboran sin reconocimiento formal y que ahora podrían ser incorporados a la nómina estatal.
El anuncio no era menor. De concretarse, se cerraría una puerta que durante décadas estuvo abierta: la de las dádivas, las propinas forzadas, el “favor” de notarías o gestores urgidos de un trámite. Un vicio viejo, enquistado en la tramitología institucional, que nadie había querido tocar de frente.

Pero la conferencia no se quedó ahí. Ahued habló también del ataque contra el alcalde de Zacualpan y su esposa. Aclaró el punto con precisión quirúrgica: los hechos no ocurrieron en territorio veracruzano. Fue un asalto armado, entre Tlaxcala y Puebla, en el que resultó herido el chofer. Sin rodeos, sin adornos.

Luego vino la parte más complicada: las preguntas. De todo y en todos los tonos. Algunas suaves, otras filosas. Y ahí apareció el personaje que muchos fueron a buscar: el político con “mecha larga”. Al estilo Kalimán, Ahued hizo honor a la máxima de la serenidad y la paciencia.

La frase que marcó la jornada fue clara y repetida: “no vamos a ocultar nada”. Especialmente cuando se le preguntó sobre el reporte del diputado Yunes Landa, ese muerto que vio y nunca apareció. Ahued no cayó en provocaciones, no denostó, no entró en trampas verbales. Se negó, con elegancia, a descalificar al legislador priista.

Al final, quedó la impresión del oficio. De tablas políticas. De alguien que entiende el pulso de la prensa y sabe moverse en los terrenos más ásperos de su encargo. Los temas seguirán circulando, porque hoy es la nota política. Pero esta crónica busca algo más: asomarse detrás del espejo, a ese espacio que los lectores no ven y que el reportero tiene la fortuna —y la responsabilidad— de vivir de cerca, de frente, en tiempo real.