MONUMENTO A LA REVOLUCIÓN: ANTES, SEPAROS JUDICIALES; HOY, MUSEO

2026-07-17
A mediados de los años ochenta, en la Ciudad de México, coincidimos con una familia pensante, activista y de profundas convicciones. Nos contaban que el hermano mayor había sido secuestrado años atrás por una de esas extrañas corporaciones policiacas que abundaban en aquella época.

Durante su cautiverio, como parte de la tortura, le permitían llamar por teléfono a su familia. Su madre, cada vez que contestaba, sólo le repetía una cosa: que resistiera, que no claudicara. Días después regresó a casa en un estado lamentable. Les contó que había sido torturado y que nunca estuvo en una cárcel. "Me llevaron a unos sótanos que están debajo del Monumento a la Revolución; yo no era el único ahí", les dijo.

Hoy, al leer una nota de tono turístico que invita a visitar el museo ubicado bajo el Monumento a la Revolución, inaugurado en el 86, recordé aquella historia. El texto presume que ahí "se esconde un museo lleno de historia". Quizá sea cierto. Pero también hubo un tiempo en que, según ese testimonio, en ese mismo sitio se escondían salas de tortura. Ojalá que lugares así sólo existan ya en la memoria. Como me lo contaron, lo cuento yo.