LA MARCHA “PERRODISTA”
Xalapa. Ver: Ansiedad, angustia y desesperación (Síndrome Los Panchos) / Revista Tlacuilo
Mucho ruido y pocas nueces

Revista Tlacuilo
Xalapa. Ver / 2020-01-22

No nos equivocamos al calcular que la marcha perredista contaría con trescientas personas, lo que no representa nada.

En días pasados su “líder” Jesús Velázquez había anunciado que reunirían a mil personas, cifra que para un partido político es risible, sin embargo ni ese número pudieron aglutinar; y aunque los pretextos para la baja asistencia fueron muchos, la única realidad es que su capacidad de convocatoria fue casi nula.

Cerca de cuatrocientas o quinientas personas llegaron a la Plaza Lerdo portando cartulinas, la mayoría estaban escritas con la misma letra, la mayoría demandaban seguridad; una llamó nuestra atención pues decía: “más obras y menos Festivales de Salsa”; primicia que resultaba ilógica porque cuando Franco Castán fue parte del Gobierno, el citado Festival recibió gran impulso, pero ahora el ex Secretario estaba parado junto a la cartulina protestando contra lo que él apoyó ¡Bendito dios!

NO TUVIERON JALE
De las Asociaciones Civiles y sociedad en general que convocó hace unos días el PRD para manifestarse, no llegó ninguna, pues aunque el pretexto de la marcha era jalador y hasta justo, las voces que la convocaron no cuentan con credibilidad.

Lo dicho, lo único que lograron los perredistas con su marcha fue exhibirse.
ANSIEDAD, ANGUSTÍA Y DESESPERACIÓN
El desánimo en los rostros de los líderes perredistas fue evidente y su desesperación manifiesta; eso era lógico pues sabían que ellos mismos estaban mostrando su debilidad política.

Hubo muchas ausencias, entre ellas la de los liderazgos municipales a los que durante el minigobierno PAN-PRD se les dio dinero a manos llenas para “operar”, pero que ahora se esconden para no quemarse; empezando por el operador aviador de Xalapa ¡habrase visto!
FRANCAMENTE FURIOSO
Entre las figuras que engalanaron la marcha perredista estuvo el ex Secretario de Gobierno Franco Castán, quién se la pasó regañando a sus acarreados: “¡Júntense! Todos aquí enfrente!” daba indicaciones a gritos tratando de que no se notaran los huecos entre la “muchedumbre”; ignoramos si su pésimo humor era por el fracaso de la marcha o porque lo abandonó su esposa, pero de que andaba echando chispas, andaba.

La señora Zapot se pasaba la mano por el rostro, desesperada, mientras que Jesús Velázquez y sus líderes cruzaban miradas de fuego, cargadas de un evidente reclamo por el papelón que estaban haciendo.