EL PARTENÓN DEL NEGRO DURAZO: DE MONUMENTO A LA CORRUPCIÓN A UNIVERSIDAD
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El antiguo jefe policiaco fue el rostro de la corrupción del sexenio de López Portillo y uno de los principales ejemplos utilizados por Miguel de la Madrid para promover su «renovación moral».

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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-10-25

Redacción.- Durante el sexenio de José López Portillo (1976-1982), Arturo «El Negro» Durazo Moreno se convirtió en uno de los personajes más poderosos y polémicos del país. Como jefe de la Policía y Tránsito del entonces Distrito Federal, el amigo personal del presidente acumuló una enorme fortuna mediante prácticas de corrupción, extorsión y abuso de poder.

Sus lujosas residencias, conocidas como los Partenones, fueron símbolo de aquellos excesos. Una se encontraba en Zihuatanejo, Guerrero, y otra en Tlalpan, Ciudad de México, con instalaciones recreativas, jardines y espacios destinados al entretenimiento privado.

Tras la crisis económica de 1982, Miguel de la Madrid llegó a la Presidencia prometiendo una «renovación moral» para deslindarse del gobierno anterior e intentar darle un nuevo rumbo al país.

Durazo fue el personaje ideal para representar la corrupción que el nuevo gobierno decía combatir. Detenido en Puerto Rico en 1984 y posteriormente encarcelado en México, su caída se convirtió en uno de los episodios más representativos de aquella campaña.

Sin embargo, el Negro no fue el único que se sirvió con la cuchara grande durante el gobierno de López Portillo. El enriquecimiento de funcionarios, el tráfico de influencias y los privilegios de personajes cercanos al poder fueron parte de los escándalos de aquel sexenio. Otro caso emblemático fue el del exdirector de Pemex, Jorge Díaz Serrano, quien también terminó en prisión.

La llamada renovación moral concentró sus acciones más visibles en unos cuantos personajes, sin erradicar las prácticas que habían permitido aquellos excesos.

Más de cuatro décadas después, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que la antigua mansión de Durazo en Tlalpan será transformada en una sede de la Universidad Nacional Rosario Castellanos y un bachillerato público, con una inversión aproximada de 150 millones de pesos.

El inmueble, que alguna vez representó la ostentación y los privilegios del poder, tendrá ahora un propósito educativo.

Porque Durazo terminó convertido en el emblema de la corrupción lopezportillista, pero no fue el único que metió las manos al presupuesto. Simplemente fue uno de los pocos a quienes terminaron pasándoles la cuenta, dejando constancia del paso de un presidente que advirtió a los mexicanos que se prepararan para administrar la abundancia, pero que nos dejó en la bancarrota.