DEL DÍA DE LA RAZA AL RACISMO DE TODOS LOS DÍAS
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Revista el Tlacuilo
INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-10-15

Redacción. - En las últimas dos décadas hemos cambiado nuestra manera de entender el 12 de octubre. Pasamos de agradecerle a España que nos hubiera descubierto —como si millones de personas que habitábamos América no supieran que existían— a exigirle disculpas por los abusos de la Conquista.

También dejamos de hablar con tanta devoción de la Madre Patria, aquella madre que llegó sin invitación se quedó tres siglos y de paso se llevó hasta los muebles.

El cambio es positivo. Hoy reconocemos con mayor claridad la grandeza de las civilizaciones que habitaban estas tierras mucho antes de que Colón se perdiera buscando las Indias.

Sin embargo, tenemos una contradicción monumental: nos sentimos orgullosos de nuestros antepasados indígenas, pero seguimos discriminando a sus descendientes.

Admiramos los vestigios, presumimos nuestra gastronomía ancestral y pagamos por conocer las tradiciones de los pueblos originarios, pero todavía hay quienes se burlan de su manera de hablar, desprecian su vestimenta o les regatean hasta el último peso por sus artesanías.

¡Nos encanta el indígena de museo, pero nos incomoda el de carne y hueso!

Hay que reconocer que desde los gobiernos se han registrado avances importantes, particularmente en el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas. Sin embargo, una cosa es modificar las leyes y otra bastante distinta cambiar los prejuicios de una sociedad.

Todavía escuchamos aquello de “mejorar la raza”, como si tener la piel morena fuera un desperfecto que debemos corregir en la siguiente generación.

Por supuesto que es válido revisar la historia y exigir el reconocimiento de los agravios de la Conquista, pero quizá deberíamos comenzar por revisar nuestras propias conductas.

Porque resulta muy fácil exigirle al rey de España que se disculpe por lo que hicieron sus antepasados hace quinientos años, mientras nosotros seguimos discriminando a los pueblos originarios en pleno siglo XXI.

Al final, el verdadero avance será construir un país donde nadie tenga que disculparse por sus raíces, en donde la piel morena no sea un defecto, ni ser campesino sea motivo de burla. En donde cuando nos digan: “Te ves bien indio”, volteemos para dar las gracias porque nos enorgullezca serlo.

No basta cambiarle el nombre al Día de la Raza, ni culpar a Europa de la discriminación que muchos mexicanos ejercen en contra de otros mexicanos cada día, generando una sociedad en medio de un racismo y clasismo que solamente habla de la ignorancia de quienes se creen superiores por tener más dinero o estar menos acanelado.