EL LADO HUMANO: LA OTRA CARA DE LA FISCALÍA
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Las bases parecen comenzar a moverse.

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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-08-22

Redacción. – Existe en la Fiscalía de Estado una transformación menos espectacular que un cateo, aprehensiones y sentencias; que difícilmente aparecerá en la nota roja: se trata de la que ocurre hacia adentro de la institución.

Durante años la Fiscalía de Veracruz tuvo fama de ser una maquinaria dura no solamente para quien llegaba a presentar una denuncia, sino también para quienes trabajaban ahí.

Y una institución que trata mal a sus propios trabajadores difícilmente puede esperar que éstos reciban con una sonrisa a una persona que llega asustada, enojada, desesperada o atravesando uno de los peores momentos de su vida.

Un botón de muestra parece pequeño, pero dice mucho: este año se realizó por primera ocasión un festejo del Día de las Madres para las trabajadoras de la institución.

¿Un convivio cambia una Fiscalía?

Por supuesto que no.

Pero resulta increíble que durante tantos años ni siquiera se hubiera tenido ese detalle con las trabajadoras. Y quienes estuvieron ahí aseguran que el efecto en el ánimo fue evidente.

Más delicado todavía es lo que ocurría con derechos laborales elementales. De acuerdo con lo que nos enteramos, había trabajadores que deseaban separarse de la institución y enfrentaban trabas para hacerlo; el disfrute de vacaciones tampoco operaba con la normalidad que debería existir en cualquier centro laboral.

Aquello venía arrastrándose desde las administraciones de Luis Ángel Bravo Contreras hasta Verónica Hernández Giadáns: una concepción excesivamente rígida de la institución donde trabajar en procuración de justicia parecía significar que había que aguantarlo de todo.

La lógica actual parece bastante sencilla, aunque durante años no lo haya sido: si quieres que un servidor público trate dignamente a la ciudadanía, comienza por tratar dignamente al servidor público.

Y HASTA EL OLOR A MUERTO SE FUE

Hay un cambio que merece párrafo aparte porque retrata perfectamente hasta dónde había llegado la normalización de condiciones indignas: Servicios Periciales.

Trabajadores de tiempo completo, abogados, gestores y ciudadanos que acudían a realizar algún trámite tenían que convivir con el intenso olor proveniente de los cadáveres resguardados en la morgue.

Sí, leyó usted bien: Uno podía llegar cargando ya con la tragedia de identificar un cuerpo, realizar un trámite o acompañar a algún familiar y, de pilón, encontrarse con un ambiente digno de película negra.

Eso también comenzó a modificarse mediante trabajos de ampliación y remodelación que buscan separar adecuadamente áreas y mejorar las condiciones tanto para los peritos como para las personas que necesariamente tienen que acudir al lugar.

Parece cosa menor hasta que uno recuerda que el humanismo también se demuestra en los lugares donde nadie quisiera estar. Porque a una Fiscalía casi nadie llega por gusto.

Ahí llegan víctimas, familiares de desaparecidos, personas que perdieron a alguien, ciudadanos que fueron robados, golpeados, amenazados o defraudados. Llegan personas con miedo, coraje, dolor y una enorme carga emocional. Todos, hasta quienes saben que sus familiares delinquieron.

Y del otro lado del escritorio hay trabajadores que todos los días reciben precisamente esa tensión. Si encima de todo eso se construye una institución hostil, hacia afuera y hacia adentro, eso se convierte en una bomba de tiempo.

CAMBIOS DE ORIGEN QUE PUEDEN SER CAMBIOS DE FONDO

Las bases parecen comenzar a moverse. La Fiscal general Lisbeth Aurelia Contreras ha mostrado sensibilidad para mirar la institución de manera integral: infraestructura, trabajadores, procuración de justicia y atención a personas en condiciones de vulnerabilidad.

FALTA, PERO AVANZA

¿Ya está todo resuelto? Ni de chiste.

Basta darse una vuelta por algunas instalaciones —incluido el centro de detención de Las Trancas— para entender que queda muchísimo por hacer.

Pero hay una diferencia importante entre maquillar una institución y comenzar a corregir problemas que llevaban años normalizados.

Más allá de las estadísticas delictivas, están estas pequeñas y grandes acciones que poco a poco pueden darle un rostro distinto a la procuración de justicia en Veracruz.

Porque detrás de una carpeta de investigación hay personas. Detrás de una víctima hay una familia. Incluso detrás de quien es detenido existe una familia que no cometió necesariamente delito alguno y merece ser tratada con respeto.

Y detrás del escritorio también hay seres humanos.

Por eso nos quedamos con una frase que soltaron autoridades de la Fiscalía al cerrar una charla que tuvieron con esta redacción, y que, si verdaderamente se convierte en política cotidiana, vale más que cualquier discurso:

“Nosotros no podemos repartir despensas ni programas sociales, pero sí podemos darle un trato digno a la gente. No solamente es nuestra meta, es nuestra responsabilidad y aportación para las y los veracruzanos”.

Pues que así sea. Porque aplicar la ley con firmeza no está peleado con hacerlo con humanidad. En buena hora.