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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-07-27

Redacción. - Hubo un tiempo en que la política veracruzana tenía patriarcas. Hombres que no sólo ganaban elecciones, sino que decidían candidaturas, reconciliaban grupos, repartían poder y, para bien o para mal, movían los hilos del estado. Gobernaban desde Palacio, pero también desde un café, un rancho o una sobremesa. Eran los tiempos de los "hombres fuertes", cuando un exgobernador seguía pesando más que varios secretarios en funciones.

Hoy basta revisar las edades para darse cuenta de que esa generación prácticamente desapareció. De los grandes personajes de la política veracruzana que marcaron el último medio siglo, el único sobreviviente que rebasa con holgura los 80 años y mantiene un lugar en la memoria colectiva es Miguel Alemán Velasco (94 años). Los demás ya partieron o pertenecen a una generación distinta.

Se fueron Agustín Acosta Lagunes, Fernando Gutiérrez Barrios, Fernando López Arias, Rafael Hernández Ochoa... sobrevive Dante (75 años), que es “el chavo” de aquella camada de los veteranos históricos, y que ha vencido al cáncer varias veces. También se fue Patricio Chirinos y recientemente Fidel Herrera, dos figuras que, independientemente de simpatías o críticas, marcaron una época.

Los que hoy siguen influyendo nacieron en otra etapa. Miguel Ángel Yunes Linares, Gerardo Buganza y varios más rondan los setenta. Siguen dando batalla, opinando, operando y moviendo piezas, pero ya pertenecen a la última generación formada bajo el viejo sistema priista antes de la alternancia.

Quizá lo más llamativo no sea la edad, sino la ausencia de relevos con ese mismo peso específico. Antes un exgobernador seguía siendo un referente obligado durante décadas. Hoy el retiro político llega mucho más rápido. Las redes sociales aceleran el desgaste, los partidos cambian de camiseta con facilidad y las lealtades duran menos que una legislatura.

Veracruz está viviendo un cambio silencioso. No sólo cambian los gobiernos; también desaparecen los personajes que durante medio siglo definieron la vida pública del estado. Con ellos se va una forma de hacer política: la del operador de pasillo, la del acuerdo de madrugada, la del teléfono que resolvía conflictos antes de que llegaran a los periódicos.

Para algunos será una buena noticia; para otros, una pérdida de experiencia. Lo cierto es que el tablero ya no lo dominan los viejos caciques. Hoy las piezas se mueven mucho más rápido, duran mucho menos y pocas logran construir un legado que sobreviva al siguiente sexenio.

Tal vez por eso, cuando uno busca políticos veracruzanos vivos mayores de 80 años, la lista cabe prácticamente en una mano. No es sólo una cuestión biológica. Es el final de una era.