Y APARECIÓ EL GUSANO BARRENADOR A LOS ESTADOS UNIDOS
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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-06-25

Redacción. - El gusano barrenador apareció oficialmente a Estados Unidos y, como suele pasar con muchas otras cosas, primero hubo dedo flamígero hacia el sur, sospecha contra los vecinos y discurso de frontera; pero al final la plaga ya está en casa y ahora tocará combatirla con cartera abierta.

No se trata de cualquier bicho. El gusano barrenador del Nuevo Mundo fue durante décadas una pesadilla para la ganadería estadounidense, hasta que en 1966 lograron declararlo erradicado gracias a una estrategia tan simple como brillante: liberar millones de moscas macho estériles para cortar la reproducción de la especie.

Durante años, esa técnica mantuvo a raya al parásito, que quedó contenido hacia regiones tropicales del continente. Pero el viejo enemigo empezó a avanzar otra vez desde Sudamérica, pasó por Panamá y Centroamérica, llegó a México y ahora reapareció en Texas, donde ya se reportan 22 casos en bovinos, también ha habido en caprinos, ovinos e incluso mascotas.

La alarma no es menor: la mosca deposita sus huevos en heridas de animales vivos y las larvas se alimentan del tejido, causando lesiones graves y pérdidas económicas. Por eso el USDA prepara una respuesta millonaria, con vigilancia sanitaria, restricciones de movimiento, producción de moscas estériles y un plan que ronda los 1 mil 300 millones de dólares para contener la amenaza.

Y aunque algunos quisieran ponerle pasaporte al insecto, la realidad es que este viejo enemigo del campo americano no reconoce banderas. La mosca barrenadora no es mexicana, estadounidense ni centroamericana: lleva siglos rondando el continente. La diferencia es que Estados Unidos creyó haberla jubilado en 1966… y casi 60 años después volvió a tocar la puerta.

La ironía es evidente: mientras se buscaba explicar el problema mirando hacia el sur, el gusano hizo lo suyo sin pedir visa, sin pasar por aduana y sin escuchar discursos. Llegó, se instaló y obligó a Estados Unidos a recordar que las plagas no entienden de muros, pero sí de descuidos.