PURO CUENTO CHINO LO DEL HUEVO CHINO
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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-06-04

Redacción.- Había que pensarle tantito —nomás tantito— para no tragarse completa la versión de que a Veracruz estaba llegando huevo chino para venderse barato. La historia sonaba sabrosa para el chisme, pero bastante floja para la realidad. El secretario de Desarrollo Económico y Portuario, Ernesto Pérez Astorga, ya salió a desmentir categóricamente esa versión y aclaró que no hay ingreso de huevo procedente de China al mercado veracruzano.

Lo que sí hay, explicó, es producción local en Hueyapan de Ocampo, donde una empresa originaria de Sonora incrementó la oferta del producto. Es decir, el huevo bajó de precio no porque venga cruzando medio mundo en barco, sino porque se está produciendo más cerca, con menor costo de traslado y con capacidad para abastecer mejor al mercado regional.

El rumor nació, como suelen nacer estas cosas: entre sorpresa por el precio bajo, desconfianza ciudadana y un creativo con demasiado tiempo libre. Como en México todavía se asocia “lo chino” con lo barato, alguien soltó la ocurrencia y muchos la compraron sin pedir ticket, factura ni tantita lógica.

Para dimensionar el tamaño de la charada que muchos sí creimos, basta recordar que un huevo fresco refrigerado puede durar de tres a cinco semanas, mientras que sin refrigeración aguanta aproximadamente de dos a tres semanas si se conserva en un lugar fresco, seco y sin exposición al sol. Ahora súmele que un barco de China a México puede tardar varias semanas (4 a 8) en llegar, más aduanas, descarga, distribución, traslado a tiendas y permanencia en anaquel.

O sea: para cuando el supuesto huevo chino llegara a la mesa del consumidor veracruzano, ya no sería promoción, sería experimento biológico.

La versión no sólo se cae por falsa, también se cae por absurda. El precio bajo tiene una explicación mucho más simple: producción regional, mayor oferta y una cadena de distribución más corta. Pero claro, eso vende menos que inventar que el desayuno viene de Shanghái.

Así que no, no nos invadió el huevo chino. Nos invadió, otra vez, la desinformación. Y esa sí llegó rapidísimo, sin aduana, sin refrigeración y directo al mercado del chisme.

¡Nos vieron la cara de chinos!