TRUMP: EL TRASIEGO DE SUSTANCIAS ILÍCITAS COMO ARMA POLÍTICA Y BOTÍN ECONÓMICO
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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-05-08

Redacción.- Los excesos de Donald Trump contra México han ido subiendo de tono, pero se han topado con una respuesta templada desde la Presidencia de México, lo que ha permitido contener _hasta ahora_ los embates del mandatario más imperialista que han tenido los Estados Unidos en tiempos recientes.

La historia del tema entre ambos países es vieja, aunque pocas veces había sido tan vulgar. En uno de los momentos de tensión bilateral, el presidente estadounidense Lyndon B. Johnson llegó a señalar que México era el trampolín de la droga. La respuesta atribuida a Gustavo Díaz Ordaz fue tan simple como contundente: si México era el trampolín, Estados Unidos era la alberca.

Y en esa frase se resume buena parte del problema: los estadounidenses consumen una enorme proporción de las sustancias ilícitas que se producen y trafican en el continente. Sin ese mercado, sin esa demanda y sin esa maquinaria de distribución interna, el negocio no tendría las dimensiones que hoy tiene.

Por eso insistimos: si Trump quisiera combatir realmente el consumo y el tráfico de drogas, ya estaría deteniendo a los capos que operan dentro de su propio territorio, a los distribuidores que mueven el producto en sus ciudades y a los políticos, empresarios y redes financieras que los protegen. No necesita extraditarlos: porque están allá, en sus tierras, moviendo dinero, lavando ganancias y convirtiendo la tragedia social en negocio.

Porque la droga entra, sí, pero el dinero no sale. Las ganancias se quedan en Estados Unidos, se lava, se invierte, se dispersa y circula con una facilidad que rara vez se señala desde Washington. El problema, entonces, no está únicamente en la frontera ni en los países productores o de tránsito; está también en el gran mercado consumidor que sostiene todo el negocio.

Piensa mal y acertarás, dice el refrán. Y sí, pensamos mal. Detrás de la acometida de Trump contra México se percibe algo más que una supuesta cruzada contra las drogas: se asoma el deseo de presionar, someter y controlar políticamente a nuestro país.

Pero también se asoma otra ambición: quedarse con el gran negocio. Porque si distribuir sustancias ilícitas representa ingresos multimillonarios, producirlas, regularlas a modo, administrarlas o controlar r ese mercado desde Estados Unidos sería, para ciertos intereses, una mina de oro. Una salida económica perversa para un país endeudado, aunque su sociedad termine hundiéndose todavía más en el consumo, la violencia y la descomposición social.

Apuntamos que no se trata de defender a quienes producen veneno y muerte desde nuestro territorio, solamente señalamos que el interés de Trump dista mucho de ser el que declara.