
Revista el Tlacuilo
INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-03-20
Redacción.- Hoy la sobrerrepresentación de los partidos en las regidurías vuelve a ponerse bajo la lupa en medio de la discusión nacional sobre la reducción de regidores en los ayuntamientos. El contexto no es menor: el llamado Plan B de la reforma electoral presentado por la Presidencia plantea que los municipios reduzcan su número de regidurías, sustentado en recortar privilegios y bajar el costo de los gobiernos locales. Xalapa es de los que estarían en el ojo del huracán, pues mientras Tijuana, con una población de 1 millón 922 mil 523 habitantes tienen 15 regidores, Xalapa con un número oficial de 488 mil 531 pobladores, actualmente cuenta con 13 flamantes regidurías.
Pero antes de que los partidos se rasguen las vestiduras para defender cargos, valdría la pena poner sobre la mesa una pregunta más incómoda: ¿realmente todas y todos los regidores están haciendo lo que la ley les manda? Porque el problema no siempre es cuántos son, sino qué tanto trabajan, qué tanto vigilan y qué tanto responden a la ciudadanía.
La Ley Orgánica del Municipio Libre del Estado de Veracruz no deja espacio para la simulación. El artículo 38 establece con claridad que los regidores deben asistir puntualmente a las sesiones del Ayuntamiento y de las comisiones, informar de los resultados de esas comisiones, proponer acuerdos para mejorar los servicios públicos y vigilar los ramos de la administración municipal que les sean encomendados. No están ahí para levantar la mano, ni para tomarse la foto o limitarse a acompañar a los alcaldes y alcaldesas a inaugurar eventos; están para supervisar, señalar fallas, empujar soluciones y representar con seriedad a la población.
Por eso, cuando la ciudadanía observa regidurías apagadas, oficinas mudas, comisiones invisibles y ediles que pasan más tiempo en la grilla que en el trabajo, la propuesta de reducir su número empieza a sonar menos más lógica. Y es ahí donde muchos ayuntamientos, incluido Xalapa, tendrían que hacer una autocrítica profunda: si el cargo no se ejerce con rigor, termina pareciendo un lujo político sostenido con dinero público.
Defender la permanencia de 13 regidores sólo tiene sentido si esas 13 posiciones se traducen en vigilancia real del gobierno municipal, atención ciudadana constante, supervisión de servicios, seguimiento a obras, revisión de cuentas y propuestas concretas para mejorar la ciudad. De lo contrario, la discusión sobre la reducción no será una injusticia contra la representación, sino una consecuencia natural del desgaste provocado por quienes convirtieron una responsabilidad legal en una cómoda cuota de poder.
Xalapa no necesita regidores decorativos. Necesita ediles que desquiten el cargo, que entiendan que su obligación no es sentarse en el Cabildo para cobrar, sino convertirse en contrapeso, en gestores, en vigilantes y en voz activa de la sociedad. Porque cuando un regidor no cumple, no sólo falla una persona: se vacía de sentido una figura que debería servir para cuidar al municipio desde adentro, pero hasta ahorita no vemos claro.