LA FOTO DE GENERACIÓN EN LA UV: UN NEGOCIAZO JUGOSO Y OPACO
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Millones de pesos que nadie licita

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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-03-03

Redacción. - Ayer colapsaron las gradas instaladas para la fotografía de generación de estudiantes de la carrera de Derecho de la Universidad Veracruzana. El saldo fue alarmante: decenas de lesionados y, al menos 18 jóvenes, trasladados en cinco ambulancias a hospitales cercanos. Lo que debía ser un momento de celebración terminó en caos y sirenas.

No era la primera vez que había señales de alerta. En tomas anteriores, en otras facultades, ya se habían reportado sustos por la fragilidad de las tarimas. Esta vez no fue un susto: la estructura se vino abajo.

Desde su conferencia de prensa, la gobernadora Rocío Nahle informó que Protección Civil inició una investigación para deslindar responsabilidades. Pero más allá del peritaje técnico, hay una pregunta de fondo que merece respuesta: ¿quién controla —y bajo qué criterios— el jugoso negocio de las fotos de generación en la UV?

De acuerdo con datos del propio rector, Martín Aguilar Sánchez, eran alrededor de 400 egresados de la generación 2022-2026 quienes se tomarían la fotografía. Según testimonios de estudiantes, los paquetes fotográficos oscilan entre 500 y 3 mil 500 pesos, lo que representa un evidente sobreprecio. Si tomamos un promedio conservador de mil 500 pesos por alumno, hablamos de 600 mil pesos en un solo evento. Un negocio redondo, con inversión mínima y, a juzgar por lo ocurrido con las gradas oxidadas, con mantenimiento inexistente.

Pero la cifra escala. Según datos oficiales, este año egresaron 4 mil 506 estudiantes de la Universidad Veracruzana. Si aplicamos la misma fórmula, el monto anual por concepto de fotos oficiales rondaría, mínimo, los 6 millones 759 mil pesos. La pregunta es inevitable: ¿quién asigna esos contratos? ¿Existe licitación? ¿Hay transparencia en la selección de proveedores? ¿O es un acuerdo de facto con “los cuates” de quienes contratan? Esto con la embarrada de mano respectiva. Las empresas son contratadas por las Facultades de la Universidad Veracruzana, no por los alumnos.

La caída de la tarima no sólo dejó jóvenes lastimados; dejó al descubierto un negocio millonario con prácticas opacas y jugosas ganancias. Bajo el discurso institucional de tradición universitaria, parece operar un esquema donde los estudiantes pagan caro por un recuerdo y algunos cuantos cobran en grande sin rendir cuentas.

Ojalá que la investigación no se limite a revisar tornillos y soldaduras. El verdadero fondo del asunto está en el manejo del dinero y en la responsabilidad de quienes permiten que, año con año, se repita un modelo donde la seguridad es secundaria y la ganancia es prioridad. Porque si alguien debe caer después de esto, no son los estudiantes, sino los que controlan los intereses que han convertido una foto de generación en un negocio sin escrúpulos.