CUANDO MÉXICO ARDE, LA POLÍTICA GUARDA UN SILENCIO INCOMODO
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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-02-22

Redacción.- En momentos de crisis real, cuando la violencia deja de ser estadística y se convierte en humo, bloqueos y miedo cotidiano, la política suele mostrar su peor vicio: el cálculo. Mientras las fuerzas del orden enfrentan escenarios de alto riesgo, buena parte de la clase política opta por el silencio cómodo, por la espera estratégica, por no “quemarse” antes de que haya versión oficial que les acomode.

No se trata de militarizar el discurso ni de aplaudir sin reservas. Se trata de algo más básico y más serio: respaldo institucional. Cuando el crimen organizado desafía al Estado de manera abierta, la respuesta no puede ser fragmentada ni tibia. El mensaje que debería salir es uno solo: el Estado está presente, actúa y se respalda a sí mismo.

Cerrar filas con el Ejército y las fuerzas del orden no significa renunciar a la crítica ni a la exigencia de legalidad. Al contrario, implica asumir responsabilidad política. El respaldo público, claro y firme, no debilita la democracia; la fortalece. Lo que la erosiona es la ambigüedad, el mutismo y la tentación de usar la crisis como ficha de cambio.

Porque resulta inevitable notar la contradicción: en campaña, todos aman a México, todos prometen defenderlo, todos se envuelven en la bandera. Pero ya en el cargo, cuando el país exige definiciones y no slogans, muchos regatean su respaldo, miden el costo político y prefieren guardar silencio. Y en ese vacío, el ruido, el miedo y la desinformación hacen su agosto.

México no necesita aplausos huecos ni discursos heroicos. Necesita que quienes gobiernan y legislan entiendan que hay momentos en los que la política debe dejar de mirarse el ombligo y asumir su deber más elemental: estar del lado del Estado cuando el Estado está bajo ataque.