SARAMPIÓN, ENEMIGO HISTÓRICO
INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo: / Revista el Tlacuilo

Revista el Tlacuilo
INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-02-12

Redacción.- La historia del sarampión en México es también la historia de las epidemias, la desigualdad y la fragilidad de la salud pública frente al tiempo.

Durante la época de la Colonia, cuando el territorio era conocido como la Nueva España, el sarampión llegó desde Europa junto con otras enfermedades para las que la población indígena no tenía defensas. Las primeras grandes epidemias se registran en el siglo XVI y XVII, con brotes devastadores que diezmaron comunidades enteras. Cronistas de la época describen fiebres intensas, erupciones cutáneas y una alta mortalidad, especialmente entre niñas y niños. En un contexto sin conocimientos médicos modernos, el sarampión se confundía con otros “cocoliztli” o pestes, pero su impacto quedó marcado como parte del colapso demográfico indígena tras la Conquista.

Durante los siglos XVIII y XIX, ya en el México independiente, el sarampión siguió apareciendo de manera cíclica. Cada generación infantil enfrentaba el contagio casi como un destino inevitable. Las ciudades crecían, las condiciones de hacinamiento persistían y la enfermedad encontraba terreno fértil. Aunque la mortalidad comenzó a disminuir lentamente, seguía siendo una causa importante de muerte infantil.

El gran punto de quiebre llegó en el siglo XX. Con el avance de la medicina, la identificación clara del virus y, sobre todo, la introducción de la vacuna a partir de la segunda mitad del siglo, el sarampión dejó de verse como una fatalidad. En México, las campañas nacionales de vacunación —especialmente desde los años setenta y ochenta— lograron reducir de forma drástica los casos. El último gran brote ocurrió en 1989–1990, con miles de contagios y cientos de muertes, lo que llevó a reforzar la vacunación universal y las jornadas masivas casa por casa.

El resultado fue histórico: durante años, México mantuvo la transmisión endémica prácticamente eliminada. Para muchas generaciones, el sarampión se volvió un recuerdo de libros de texto, una enfermedad “del pasado”.

Sin embargo, el remate de esta historia es incómodo. En la segunda década del siglo XXI, cuando se creía erradicado, el sarampión reapareció en brotes aislados. No surgió de la nada: llegó importado desde otros países y encontró brechas peligrosas —baja cobertura de vacunación, desinformación, retrasos en esquemas infantiles y sistemas de salud presionados—. Cada nuevo brote encendió alertas sanitarias y recordó una verdad incómoda: las enfermedades no desaparecen, solo esperan.

Así, el sarampión en México traza un arco completo: de epidemia colonial devastadora a enemigo controlado por la ciencia, y de ahí a advertencia contemporánea. Su regreso no es solo un tema médico, sino un recordatorio histórico de que la salud pública, como la memoria, se descuida cuando se da por sentada.