MI HUMILDE OPINIÓN | EL TLACUILO | SUPREMA CORTE Y SUS SEVEROS CRÍTICOS
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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-02-06
Mi humilde opinión | Por el Tlacuilo.
¿Por qué la exministra Norma Piña hizo y deshizo al frente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sin que nadie la atacara? Incluso hubo medios de comunicación que la exaltaron casi a la altura de Josefa Ortiz de Domínguez.
En cambio, al ministro Hugo Aguilar Ortiz lo critican ferozmente hasta se eche un estornudo. La respuesta es simple: los intereses que desde el Poder Judicial se habían creado con Norma Piña, cesaron con la llegada de Aguilar Ortiz.
A esto se suma algo que, desafortunadamente, sigue muy presente en nuestro país: la discriminación. En muchos sectores se discrimina de manera evidente a los negros y a los indígenas. Pero para mala fortuna de los que aceptarían a Maximiliano de Habsburgo como gobernarte: así como es tiempo de mujeres, también es tiempo de indígenas, y eso molesta a más de uno. Se nota cuando se refieren a estas personas como “nacos” o “indios”, como si serlo fuera un delito, y como si quien critica tuviera sangre azul. Decirle “indio” o “negro” a alguien sigue siendo el insulto favorito de los ignorantes.
Hoy, en la Suprema Corte, hay un presidente indígena; su secretario también lo es, y varios cargos clave de la institución están ocupados por mujeres indígenas, con esquemas de vida que no empatan con los de quienes crecieron en las ciudades.
En un foro realizado en Xalapa hace unos días, a quien escribe le tocó observar este comportamiento que a muchos incomoda, pero que a mí, en lo personal, me agradó. Tal vez porque también soy muy indio y naco, o al menos me enorgullece que así se me considere.
Durante un receso del evento, un funcionario de la Suprema Corte tuvo la deferencia de invitarme a saludar a algunas altas autoridades del Poder Judicial. Estaban en una oficina modesta, sentados en sillas plegables. Ahí conocí el otro lado de la historia de las camionetas: los nuevos ministros no quisieron usar las Suburban que utilizaban sus anteriores por considerarlas ostentosas; pidieron que se vendieran y que se adquirieran vehículos de menor rango… y el resto de la historia ya es conocida.
Durante un receso del evento, ya entrada la noche, una de las autoridades presentes (mujer), no había tenido tiempo de comer. Una de sus colegas se cercioró de ello y encargó unos tamales. Alguien —desconozco su cargo— salió a comprarlos a los puestos de la calle Lázaro Cárdenas. Los llevó, y ella los comió con total naturalidad mientras conversábamos. Esos detalles son los que ofenden a la "alta sociedad mental" pero que los empata con el pueblo.
El comportamiento social de las personas indígenas es distinto al de quienes crecimos en la ciudad, y muchos creen que la vida citadina es mejor. A partir de eso prejuzgan. Pero aquí va la mala noticia: los indígenas que hoy están en puestos clave de la política no quieren adaptarse a las normas citadinas porque aman su cultura.
No se puede negar que lo de los zapatos del Ministro Presidente fue un error de todos los que participaron. Pero de ahí a insultar al presidente de la Suprema Corte y pedir su renuncia por eso, es un exabrupto que tiene más que ver con el rompimiento de un círculo de intereses donde muchos obtenían generosos dividendos y con la discriminación de siempre, que con una crítica autentica.
La verdad, quienes quieren meter a la hoguera a Aguilar Ortiz se están viendo… bien “ardillas”.
Pero bueno, esa solamente es mi humilde opinión.