BAD BUNNY Y EL INAH, ENTRE EL PATRIMONIO Y EL BACKSTAGE
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Polémica visita

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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2025-12-29

Redacción.– El cantante puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido mundialmente como Bad Bunny, ofreció una serie de conciertos multitudinarios en el Estadio GNP de la Ciudad de México como parte de su gira “Debí Tirar Más Fotos World Tour”. Aprovechando su estancia en el país, el artista realizó visitas privadas al Museo Nacional de Antropología y a la Casa Azul de Frida Kahlo, recorridos que él mismo documentó en redes sociales y que, desde el inicio, dejaron claro su carácter exclusivo, sin filas ni público alrededor.

Lo que pudo ser una vitrina internacional para la riqueza cultural mexicana derivó rápidamente en polémica. En redes sociales, usuarios expresaron su molestia al ver a una figura global accediendo a espacios patrimoniales bajo condiciones que no están al alcance del ciudadano común. Para muchos, el museo dejó de ser templo de conservación y se convirtió —al menos por un momento— en escenografía para la marca personal de una celebridad.

La controversia escaló cuando el propio cantante publicó una imagen en la que aparece tocando directamente una estela maya, pieza arqueológica de alto valor histórico y simbólico. El gesto, prohibido por los protocolos de conservación del patrimonio nacional, ocurrió el pasado 17 de diciembre durante uno de esos recorridos privados.

Ante la presión pública, el Instituto Nacional de Antropología e Historia emitió un pronunciamiento oficial. En él recordó que el contacto físico con bienes arqueológicos está estrictamente prohibido, ya que los aceites y sales de la piel pueden provocar daños irreversibles. Según el informe, el personal de custodia intervino de inmediato para indicarle al artista que debía retirar la mano, cosa que hizo sin resistencia, aunque con el tiempo suficiente para que el momento quedara registrado en una fotografía.

En el terreno administrativo, las sanciones por este tipo de infracciones pueden ir de los 50 mil a los 100 mil pesos e incluso derivar en responsabilidades penales en casos graves. Sin embargo, tras una inspección técnica, el INAH determinó que la pieza no presentó daños estructurales ni alteraciones visibles, por lo que el incidente se cerró con una amonestación administrativa y un llamado de atención preventivo. En resumen: no pasó de un regaño institucional, para tranquilidad del patrimonio… y decepción de los envidiosos que esperaban algo más que un simple coscorrón burocrático.