EN SU DEBACLE, ALITO MORENO SE LLEVA AL PRI VERACRUZ ENTRE LAS PATAS
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Pone a sus “minimis” en Veracruz

Revista el Tlacuilo
OPINIÓN | Revista el Tlacuilo / 2025-12-29

Redacción.– El PRI, ese partido que durante décadas —y hasta no hace mucho— fue hegemónico, hoy apenas ronda el 5 por ciento de preferencia electoral y carga con un 85 por ciento de opinión negativa. Traducido al castellano llano: está por los suelos… y cavando rumbo al subsuelo.

Buena parte de esa caída tiene nombre y apellido. Los malos liderazgos han sido el común denominador, pero el más tóxico —quizá el peor de todos— es el actual. Mientras el partido se desmorona, su dirigente nacional, Alejandro Moreno Cárdenas, no ha soltado la presidencia desde 2019 y, gracias a reformas estatutarias hechas a la medida, se quedará hasta 2028: nueve años de reinado en un partido en ruinas. Moreno es, además, el político con menor aceptación interna y externa, enfrentado con figuras históricas del priismo como Dulce María Sauri, Beatriz Paredes, Claudia Ruiz Massieu, Manlio Fabio Beltrones y Miguel Ángel Osorio Chong, varios de los cuales —para tranquilidad de Alito— ya optaron por marcar sana y prudente distancia de las siglas tricolores.

Veracruz es hoy el espejo fiel de esa tragedia nacional. El pasado fin de semana, y pese a los pésimos resultados electorales acumulados, la dirigencia estatal encabezada por Adolfo Ramírez Arana, alias el Fofo, fue reelecta como presidente del CDE del PRI. ¿Su mayor virtud? La obediencia abyecta e incondicional al jefe nacional. Nada más, pero tampoco nada menos.

El PRI Veracruz terminó de rendirse ante Alejandro Moreno. Hubo, eso sí, algunos nombres lanzados al aire para relevar al Fofo, pero todo quedó en simulación. El caso de Carolina Gudiño no fue por mérito ni por respaldo real, sino para amarrar su llegada a la Secretaría General y, de paso, dejar fuera a Lorena Piñón, la aliada número uno de Moreno en el estado. No porque haya caído de la gracia del dirigente, sino —paradójicamente— para “prepararla” como futura candidata del PRI a la gubernatura en 2030. Sí, leyó usted bien. Háganme el refabrón favor. Así de flaca anda la caballada en el priismo.

Por su parte, Ponciano Vázquez Parissi apenas buscaba que le respetaran su plaza de Cosoleacaque. “Intentó” inscribirse como candidato a la dirigencia, pero curiosamente lo hizo cuando la comisión encargada de recibir registros ya estaba de vacaciones. En el pueblo eso se llama taparle el ojo al macho; en política, simulación simple y llana.

Con ese panorama, el partido que alguna vez fue hegemónico hoy camina como un mini partido ramplón rumbo a las elecciones intermedias. Y sí, tendrá candidato fuerte… pero fuerte a perder el registro. De seguir así, Alejandro Moreno, Fofo Ramírez y su caterva de incondicionales no pasarán a la historia como dirigentes, sino como los sepultureros oficiales del PRI.