LOS MAGOS Y LA ESTRELLA DE BELEN
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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2025-12-24
Redacción.- Desde la ciencia e historia, la llamada “estrella de Belén” no se entiende como un astro milagroso en sentido astronómico, sino como un fenómeno celeste real interpretado simbólicamente por observadores de la época. No existe evidencia científica de una estrella nueva sobrenatural registrada en los cielos del siglo I, pero sí varias hipótesis plausibles.
Hipótesis científicas principales
Conjunción planetaria (la más aceptada)
La explicación con mayor respaldo es una triple conjunción de Júpiter y Saturno ocurrida en el año 7 a. C., registrada por astrónomos babilonios. Aunque no “formó” una sola estrella brillante, sí fue un evento notable y cargado de significado astrológico.
Para los astrólogos de Oriente:
– Júpiter representaba la realeza.
– Saturno se asociaba al pueblo judío.
– La constelación de Piscis estaba vinculada a Judea.
En ese lenguaje simbólico, el evento podía interpretarse como el nacimiento de un rey en Judea.
Una nova o supernova
Explosiones estelares visibles durante semanas o meses. Astrónomos chinos y coreanos registraron fenómenos similares hacia el 5–4 a. C. El problema es que no hay un registro inequívoco que coincida con el relato bíblico y su “movimiento” guiando a los magos.
Un cometa
Durante siglos se pensó en un cometa (como el Halley), pero este pasó en el 12 a. C., demasiado temprano. Además, en la antigüedad los cometas solían interpretarse como malos presagios, no como anuncios de nacimientos reales.
Fenómeno simbólico-literario
Muchos historiadores consideran que el evangelio de Mateo usa la “estrella” como recurso teológico y narrativo. En textos antiguos, los nacimientos de grandes líderes solían acompañarse de señales celestes simbólicas, sin intención de precisión astronómica.
Qué dice la ciencia, en resumen
– No hay evidencia de una estrella nueva literal aparecida de forma milagrosa.
– Sí hubo fenómenos astronómicos reales en esa época que pudieron inspirar el relato.
– La conjunción de Júpiter y Saturno en 7 a. C. es la explicación más sólida científicamente.
– El relato combina observación astronómica, astrología antigua y teología.
En otras palabras: la “estrella” probablemente no fue una estrella, sino el cielo leído con los códigos científicos y simbólicos de su tiempo.
La Biblia destina una sola línea a los visitantes, que ni eran reyes ni eran tres; el texto indica:
“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle”.
Pero por alguna razón colectiva, unos párrafos bastaron para tenerlos muy presentes por los siglos de los siglos.