ALVARADO Y TLACOTALPAN FORMALIZARON SU HERMANDAD DE SIGLOS
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INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-02-20

Redacción En un acto solemne e histórico, se llevó a cabo el Hermanamiento entre los municipios de Alvarado y Tlacotalpan, reafirmando los lazos culturales, históricos y sociales que unen a ambos pueblos veracruzanos.

Por Alvarado rubricaron el acuerdo el Presidente Municipal, Alberto Ángel Cobos Márquez, acompañado por la Presidenta del DIF Municipal, Priscila Díaz Tiburcio, así como integrantes del Honorable Cabildo.
Por Tlacotalpan respaldaron el hermanamiento el Presidente Municipal, Christián Romero Pérez, junto a su cuerpo edilicio.

El Gobierno estatal tuvo la representación a través de la Secretaria de Cultura del Estado, Xóchitl Molina González.

El evento convocó a diputadas y diputados locales, presidentes municipales de la región y autoridades estatales y municipales.

Durante su intervención, el alcalde Alberto Ángel Cobos Márquez destacó que este hermanamiento no representa únicamente un acto protocolario, sino el reconocimiento de una historia compartida, de valores comunes y de una identidad jarocha que fortalece el sentido de pertenencia entre ambos municipios.

Por su parte, el alcalde Christián Romero Pérez subrayó que esta alianza formaliza una hermandad que históricamente ha existido entre las dos ciudades, caracterizadas por su riqueza cultural, su tradición y la hospitalidad de su gente.

La cultura de ambos municipios estuvo presente a través de presentaciones artísticas que resaltaron el carácter festivo de la región, y culminó con la develación de la placa oficial de Hermanamiento por parte de los alcaldes de Alvarado y Tlacotalpan, sellando así un compromiso de cooperación, unidad y trabajo conjunto.

El hermanamiento representa un acto de reconocimiento a una relación histórica que antecede por siglos a cualquier acuerdo institucional. Unidos por la cuenca del río Papaloapan, ambos pueblos compartieron desde la época colonial rutas comerciales, navegación fluvial, pesca y una vida cultural marcada por el son jarocho y las tradiciones del Sotavento.

Más que un gesto protocolario, simboliza una identidad común forjada entre el río y el mar, así como una oportunidad para fortalecer la cooperación cultural, turística y social entre dos comunidades que, en los hechos, siempre han sido pueblos hermanos.