
Revista el Tlacuilo
INFORMACIÓN | Revista el Tlacuilo / 2026-02-14
Redacción.. Cada 14 de febrero, millones de personas en el mundo intercambian flores, cartas, chocolates y promesas. El calendario marca el Día del Amor y la Amistad, pero detrás de los escaparates rojos y las campañas publicitarias hay una historia más compleja, tejida entre fe, poder, literatura y mercado.
La tradición más conocida remite a San Valentín, un sacerdote que habría desafiado al emperador Claudio II en la antigua Roma. Según la leyenda, el emperador prohibió el matrimonio entre jóvenes soldados para fortalecer su disciplina militar. Valentín, convencido de que el amor no podía someterse a decreto, celebraba bodas en secreto. Descubierto, fue ejecutado un 14 de febrero del siglo III. La Iglesia lo canonizó después y su figura quedó asociada al amor fiel y al compromiso.
Pero la historia no termina ahí. Antes del cristianismo, a mediados de febrero los romanos celebraban la Lupercalia, un rito vinculado con la fertilidad y la renovación. En el siglo V, el papa Gelasio I institucionalizó la festividad de San Valentín, en un movimiento que muchos historiadores interpretan como parte del proceso de cristianización de las celebraciones paganas. Así, la fecha comenzó a transitar del ritual colectivo a la conmemoración religiosa.
Sería la Edad Media la que terminaría de darle el matiz romántico que hoy conocemos. En Inglaterra y Francia circulaba la creencia de que el 14 de febrero marcaba el inicio del apareamiento de las aves, símbolo poético de la unión amorosa. Autores como Geoffrey Chaucer incorporaron esa idea en su literatura, consolidando la asociación entre la fecha y el amor romántico.
Con el paso de los siglos, la tradición cruzó el Atlántico y se consolidó en Estados Unidos y el Reino Unido, donde comenzaron a popularizarse las tarjetas decoradas y los mensajes afectivos. La Revolución Industrial facilitó su producción masiva, y el siglo XX convirtió la fecha en un fenómeno comercial global.
Hoy, el 14 de febrero oscila entre la tradición y el consumo. Para algunos es una celebración íntima; para otros, una fecha impuesta por el mercado. Sin embargo, más allá de su envoltura comercial, la jornada conserva un fondo simbólico poderoso: la necesidad humana de expresar afecto, de reconocer al otro y de reafirmar vínculos.
Quizá el verdadero sentido de la fecha no esté en el precio de un regalo ni en la cantidad de mensajes enviados, sino en la capacidad de recordar que el amor —romántico, fraterno o amistoso— sigue siendo, como hace siglos, un acto de resistencia frente a la indiferencia.