EL CALOR COMO DETONANTE |
2025-04-03 |
EL CALOR COMO DETONANTE Por Gamaliel Cruz No es mera percepción: cuando el calor aprieta, la tensión social también parece hervir. En los últimos días, conforme se intensifican las olas de calor en varias regiones del país, también se han multiplicado los casos de conductas agresivas, riñas, discusiones callejeras y actos impulsivos que terminan en tragedia. La relación entre el clima extremo y la conducta humana es un fenómeno documentado por la ciencia, pero que rara vez se aborda desde una óptica social o de salud pública. Estudios en psicología y criminología coinciden en que el calor excesivo puede alterar el estado emocional de las personas, reduciendo los niveles de tolerancia y aumentando la irritabilidad. Con el cuerpo en sobrecarga y el sudor a flor de piel, cualquier situación puede detonar un estallido. A esto se suma el estrés por la falta de agua, los apagones eléctricos, y la frustración colectiva de lidiar con servicios públicos rebasados. Los espacios públicos se vuelven zonas de conflicto, los hogares se tornan insoportables y la calle es caldo de cultivo para la violencia espontánea. Lo que podría haber sido una discusión trivial se transforma en una pelea campal. Lo que parecía una jornada más, termina con detenidos o heridos. Este fenómeno no distingue edades ni clases sociales. Lo vemos en zonas urbanas y rurales, en mercados y en plazas, incluso en las redes sociales, donde el discurso se torna más agresivo. La violencia se desborda en parte porque vivimos en un país con una deuda histórica en salud mental y prevención de la violencia, pero también porque ignoramos los efectos del entorno sobre nuestra conducta. El cambio climático no solo está secando ríos y quemando bosques: también está afectando la estabilidad emocional de la población. Urge atender esta conexión. Las autoridades deben incluir estos factores en sus políticas públicas y promover medidas de prevención durante las olas de calor, no solo en términos de salud física, sino también emocional. Porque sí: cuando sube la temperatura, también suben los riesgos de que lo peor del ser humano salga a flote. Y en este calor, ya no solo sudamos... también ardemos. |