SE EXTRAÑAN A SILVERIO E ISRAEL EN LA CEAPP

2026-02-03
La CEAPP carga con una historia borrascosa desde su origen. Nació con olor a oficina cerrada y expediente incómodo, encabezada por Namiko Matzumoto y amadrinada por Gina Domínguez, más como un muro de contención para las críticas por el trato rudo a la prensa que como un verdadero organismo de protección a periodistas.

Después vinieron episodios igualmente desafortunados, como aquel en el que, sin el menor pudor, Ana Laura Pérez decidió galardonar a servidores públicos yunistas, personajes que poco o nada tenían que ver con el ejercicio periodístico, pero mucho con la simulación institucional.

Sin embargo, hubo un periodo que rompió esa inercia. Un breve paréntesis en el que la CEAPP sí operó como un organismo digno, cercano al gremio y con sentido de responsabilidad. Fue durante la pasada administración, con Silverio Quevedo en la presidencia e Israel Hernández en la Secretaría General.

En ese lapso, lo que durante años había sido letra muerta comenzó a caminar. Se reconoció a periodistas, se estableció diálogo real y, sobre todo, se dio la cara en los casos donde los comunicadores fueron violentados. La CEAPP, por fin, parecía cumplir su razón de ser.

Muchos creímos que la Comisión había quedado encaminada, pero bastaron apenas unos meses para que sus sucesores demostraran lo contrario y dieran un retroceso tan drástico como predecible.

Parafraseando al bolero: solamente una vez la CEAPP funcionó en la vida, solamente una vez… y nada más.